Los primeros molinos se construyen aprovechando las aguas de los arroyos al requerir una menos inversión y menores conocimientos de los necesarios para la construcción de aceñas. Su tipología fue la de balsa y cubo. La escasa agua de los arroyos se embalsaba para producir energía suficiente para mover las piedras de forma continuada durante el mayor tiempo posible. Se situaban los molinos en serie aprovechando los unos el agua de los anteriores.

Además de los pequeños molinos familiares situados en terrenos del común y repartidos en el cauce del arroyo del Moro, en Villaseco había una aceña a orillas del Duero de la cual se servían vecinos del pueblo y de otras localidades cercanas. Con la construcción del embalse de Villalcampo ( a mediado de los años 40 del siglo XX) el nivel de las aguas del ría subió y la aceña, como otras tantas de la zona, quedó anegada bajo el embalse. Sin embargo, la construcción de la presa del pueblo vecino trajo consigo la concesión de dos líneas eléctricas para el pueblo, una de ellas, al nuevo molino, con su propio transformador. De esta manera la empresa compensaba a los beneficiarios de la antigua aceña la perdida de la misma con la instalación de un moderno molino eléctrico en la localidad. No obstante, en la medida de lo posible se aprovecho por parte de los propietarios la maquinaria de la antigua aceña como la cabria y algunas piedras de moles.
El mecanismo de un único motor eléctrico movía toda la maquinaria que convertía el grano de cereal en harina y salvado.

Comenzaban el proceso en el seleccionador de semillas que tenía dos cilindros, el primero de ellos quitaba el polvillo y los grueso mientras que el segundo tenía por cometido eliminar el triarbejón, que era una pequeña semilla similar a la del trigo pero de color oscuro y que, de no eliminarse reduciría la calidad final de la harina. Una vez seleccionado el trigo pasaba a la deschinadora donde gracias a la función del cigüeñal se separaban las pequeñas piedras que todavía se podían encontrar mezcladas con el trigo. De aquí, el trigo subía a la despuntadora-aventadora donde se limpiaba al trigo de la cascarilla que no se aventó por completo en la era. Una vez seleccionado por completo pasaba el trigo a la tolva de arriba, la mayor, desde la cual, para hacer harina se dirige a la tolva derecha de abajo para pasar el grano a ser molido. Dicha tolva tiene dos regulaciones: la de la velocidad con la que entra el grano a las piedras y las de alivio, esyo es la distancia entra las dos piedras (solera y volandera). Ambas regulaciones son importantísimas y han de ser exactas para poder lograr una buena calidad del trigo y sólo los molineros experimentados sabía regular con exactitud ambas piezas. Estas piedras tienen pequeños surcos picados que hacen que el grano vaya saliendo hacia fuera, sin embargo estos surcos se van desgastando y la habilidad del molinero consiste en saber picar exactamente estos surcos para conseguir una harina ideal al final del proceso. Antiguamente estas piedras eran de la zona pero con el tiempo se comenzaron a explotar de Frania, ya que duraban hasta diez veces más. Tras molerse el grano, se obtenía una harina de gran calidad, para ello, el molinosabía realizar todos los ajustes que venimos detallando.

Ya que uno de los grandes problemas de los molinos era el polvo en suspensión, el local contaba con un ventilador con poca succión que hace que sólo aspire el polvo y nunc ala harina, asó se garantizaba la seguridad en el molino.
Acababa la guerra el oficio de la molienda estaba muy controlado y no todos los molinos de la comarca tenían permiso para moler, de modo que éste, que si lo tenía era muy concurrido por gentes de diferentes zonas, no obstante siempre sujeto a los permisos pertinentes. Se cobraba el trabajo realizado, como era tradición en los molinos, con la maquila, que era una parte del total que se molía, se cobraba por lo tanto “en especie” y no en dinero.
El molino se encuentra en la actualidad en total desuso, sin embargo, su estado de conservación es excelente y los propietarios siempre tienen a bien enseñarles.

Existen restos de molinos en el arroyo la Vega, el arroyo del Moro y el de la Nubiesa, los tres afluentes del Duero y próximos al núcleo de población y a las antiguas viviendas de la dehesa.
En la zona conocida como el Moro, a apenas un kilómetro de distancia del casco urbano de Villaseco del Pan comienza el curso de un pequeño arroyo sobre cuyas inmediaciones se asientan los restos de una decena de molinos areneros.
El conjunto de los molinos del arroyo del Moro han necesitado de un gran esfuerzo e ingenio para obtener un aprovechamiento máximo de la energía de las aguas. Se ubican en la confluencia de tres arroyos: Valbueno, la Serrada y el Moro.

La recuperación del conjunto de molinos debe ser respetuosa con el entorno, con los materiales utilizados y con el diseño estructural.
Se pretende que sea el nucñe sobre el que desarrollar un conjunto de actividades que tengan su germen en este patrimonio arquitectónico, de ingeniería cultural,
El ámbito de actuación va a ser el adjudicado a las antiguas escuelas, el camino que las une con el arroyo del Moro y los molinos existentes en este arroyo.

Estos molinos se fuero construyendo paulatinamente en terreno comunal pero pertenecían a familias particulares. Se construyo en la parte más alta del arroyo una presa y un pequeño canal que conducía las aguas hacia el primer molino. A continuación todo un sistemas de pequeños canales permitía abastecer de suficiente agua y presión al resto de los molinos.
Se trata de molinos de cubo, porque precisamente el agua se introducía en el molino a través de un cubo que se situaba en la parte superior y que permitía que el agua cayera con mas fuerza a los mecanismos del interior, situados más abajo. Se desarrollo este tipo de molinos en la zona porque el arroyo apenas tenía caudal suficiente en época de lluvias, de modo que almacenándolo el agua y haciéndola correr más rápido se obtenía la fuerza deseada para poder moler.

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